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Terra
La Coctelera

El tesoro de mi mesilla de noche

Ya puestos a contar cosas sobre mi, para que luego digan que solo hablo de mis vecinos, pues veréis lo que me ocurrió:
Vivo solo, pero hace unos años estuve a punto de conformar una pareja, estaba yo recién jubilado y aconsejado por otros compañeros empecé a frecuentar los bailes y excursiones de un club de jubilados muy animado que hay en el barrio. No es por presumir pero enseguida tuve a mi alrededor un enjambre de dulces jubiladas, casi todas viudas por cierto, que solicitaban mi presencia constantemente, en los bailes era el rey de la pista y en las excursiones se peleaban por ocupar un asiento junto al mío. De entre todas ellas ninguna terminaba de gustarme, unas por su físico, otras por su chochez y otras por demasiado empalagosas y zalameras.
El caso es que la diversión no me faltaba y semana tras semana disfrutaba de bailes y excursiones con sus correspondientes escarceos amorosos. Pero un día que fuimos a pasar un fin de semana a Cuenca coincidimos en el hotel con otras dos excursiones de jubilados. El sábado por la mañana visitamos las casas colgantes y varias veces nos cruzamos con los otros grupos de jubilados y algunas de ellas como chiquillas se agarraban fuerte del brazo riéndose y no dejaban de mirarme girando el cuello hasta donde la artrosis les permitía.
Esa misma noche había baile en el hotel y en un momento dado, cuando el ambiente estaba en su más dicharachera plenitud, estando yo rodeado de mujeres que me solicitaban un bailecito, se apagaron las luces y sin darme tiempo a reaccionar una de ellas me agarró de la mano acercándome a su cuerpo para abrazarme y besarme amorosamente. Nunca en la vida me habían besado así, jamás mis labios conocieron tanta dulzura, cerré los ojos y me deje llevar por el placer. No se cuanto tiempo pasó, unos segundos, minutos quizás, pero al cabo de ese instante volvieron las luces y se separó de mi, tan embelesado estaba yo que me quedé con lo ojos cerrados y los labios fruncidos tratando de retener ese fantástico beso. Cuando abrí los ojos de nuevo, siete u ocho señoras revoloteaban a mi alrededor y antes de que pudiera fijarme en ninguna de ellas para identificar a mi amada se volvió a ir la luz. Después aparecieron unos camareros con velas y nos invitaron a abandonar la sala esgrimiendo la excusa de que el apagón no tenía remedio y era menester suspender el baile.
Que lástima, cuando por fin tuve a mi alcance una mujer dulce y apasionada la perdí por un apagón. Regresé a mi habitación cabizbajo y melancólico, al desnudarme me encontré con una sorpresa increíble, del bolsillo de mi camisa saqué una dentadura postiza, sin duda la de mi amada que debió perder al separarse de mi precipitadamente. La guardé en un estuchito igualito que el mío, que siempre llevo de repuesto por si acaso, y a la mañana siguiente me lancé veloz y esperanzado en busca de la dueña de esa dentadura deseoso de colocársela en su dulce boca y besarla otra vez.
Busqué entre las mesas del restaurante que a esas horas estaba abarrotado de clientes del Inserso que no suelen perdonar un desayuno buffet como el que ofrecía este hotel. Esperaba encontrar a esa dulce mujer chupando las tostadas con su boca desdentada pero todas las que vi masticaban como leonas mientras me guiñaban un ojo al verme tan interesado en sus movimientos. Fue en vano, sin dudad avergonzada, ni siquiera bajo a desayunar, así que partimos cada uno a su destino, separados por un apagón pero unidos por una prótesis misteriosa.
Desde entonces guardo ese tesoro en mi mesilla de noche y muchas veces al acostarme la saco y la dejo en un vasito de agua, junto a la mía y sueño que estamos los dos, uno al lado del otro, tan juntitos como nuestras dentaduras.
Ya puestos a contar cosas sobre mi, para que luego digan que solo hablo de mis vecinos, pues veréis lo que me ocurrió:
Vivo solo, pero hace unos años estuve a punto de conformar una pareja, estaba yo recién jubilado y aconsejado por otros compañeros empecé a frecuentar los bailes y excursiones de un club de jubilados muy animado que hay en el barrio. No es por presumir pero enseguida tuve a mi alrededor un enjambre de dulces jubiladas, casi todas viudas por cierto, que solicitaban mi presencia constantemente, en los bailes era el rey de la pista y en las excursiones se peleaban por ocupar un asiento junto al mío. De entre todas ellas ninguna terminaba de gustarme, unas por su físico, otras por su chochez y otras por demasiado empalagosas y zalameras.
El caso es que la diversión no me faltaba y semana tras semana disfrutaba de bailes y excursiones con sus correspondientes escarceos amorosos. Pero un día que fuimos a pasar un fin de semana a Cuenca coincidimos en el hotel con otras dos excursiones de jubilados. El sábado por la mañana visitamos las casas colgantes y varias veces nos cruzamos con los otros grupos de jubilados y algunas de ellas como chiquillas se agarraban fuerte del brazo riéndose y no dejaban de mirarme girando el cuello hasta donde la artrosis les permitía.
Esa misma noche había baile en el hotel y en un momento dado, cuando el ambiente estaba en su más dicharachera plenitud, estando yo rodeado de mujeres que me solicitaban un bailecito, se apagaron las luces y sin darme tiempo a reaccionar una de ellas me agarró de la mano acercándome a su cuerpo para abrazarme y besarme amorosamente. Nunca en la vida me habían besado así, jamás mis labios conocieron tanta dulzura, cerré los ojos y me deje llevar por el placer. No se cuanto tiempo pasó, unos segundos, minutos quizás, pero al cabo de ese instante volvieron las luces y se separó de mi, tan embelesado estaba yo que me quedé con lo ojos cerrados y los labios fruncidos tratando de retener ese fantástico beso. Cuando abrí los ojos de nuevo, siete u ocho señoras revoloteaban a mi alrededor y antes de que pudiera fijarme en ninguna de ellas para identificar a mi amada se volvió a ir la luz. Después aparecieron unos camareros con velas y nos invitaron a abandonar la sala esgrimiendo la excusa de que el apagón no tenía remedio y era menester suspender el baile.
Que lástima, cuando por fin tuve a mi alcance una mujer dulce y apasionada la perdí por un apagón. Regresé a mi habitación cabizbajo y melancólico, al desnudarme me encontré con una sorpresa increíble, del bolsillo de mi camisa saqué una dentadura postiza, sin duda la de mi amada que debió perder al separarse de mi precipitadamente. La guardé en un estuchito igualito que el mío, que siempre llevo de repuesto por si acaso, y a la mañana siguiente me lancé veloz y esperanzado en busca de la dueña de esa dentadura deseoso de colocársela en su dulce boca y besarla otra vez.
Busqué entre las mesas del restaurante que a esas horas estaba abarrotado de clientes del Inserso que no suelen perdonar un desayuno buffet como el que ofrecía este hotel. Esperaba encontrar a esa dulce mujer chupando las tostadas con su boca desdentada pero todas las que vi masticaban como leonas mientras me guiñaban un ojo al verme tan interesado en sus movimientos. Fue en vano, sin dudad avergonzada, ni siquiera bajo a desayunar, así que partimos cada uno a su destino, separados por un apagón pero unidos por una prótesis misteriosa.
Desde entonces guardo ese tesoro en mi mesilla de noche y muchas veces al acostarme la saco y la dejo en un vasito de agua, junto a la mía y sueño que estamos los dos, uno al lado del otro, tan juntitos como nuestras dentaduras.

Pared con pared.

Perdonad que no tenga noticias nuevas últimamente pero es que ha sucedido algo.
Tengo una vecina nueva, Tamara. Solo llevamos compartiendo pared un par de semanas y justo ese es el periodo de tiempo que no duermo bien.La pared que compartimos separa, o casi debería decir une, su dormitorio con el mío y mientras mi habitación es el templo del silencio y el descanso nocturno, el suyo, en cambio, es el reino del desenfreno, la lujuria y el escándalo, como diría Raphael. Como grita, como tiembla la pared cuando su cabecero martillea contra nuestra pared, los escucho tan bien que a veces me parece compartir con ellos un " menage a trois".
Todo lo contrario que los anteriores ocupantes de ese piso, el Julián y la Mercedes, que pena daba oírlos, en vez de hacer el amor parecía que estaban abriendo una botella de cerveza. Que poco interés y esfuerzo ponían en la labor, solo una vez la oí gritar y fue porque el se limpió la polla con la colcha que su suegra le había regalado con el ajuar de su boda, la que le formó al pobre Julián.
Todas las noches, sin falta, tiene compañía masculina, estoy deseando que le venga la regla para poder descansar dos o tres noches por lo menos.Además siempre cambia de pareja , parece que no le gusta repetir, a este paso pronto me tocará a mi.Bueno pues una noche, se ocurrió llamarle la atención y dar unos golpecitos en la pared y me respondió:
-¡Guarro! ¿Que haces escuchando detrás de la pared?¡Pues ahora te vas a enterar!Y ya lo creo que me enteré, al cabo de un ratito, supongo que el suficiente para que el muchacho recobrara fuerzas, empezaron otra vez al grito de:¡Vecino cabrón escucha este follón!¡Vecino cabrón escucha este follón!¡Vecino cabrón escucha este follón!
Y así repitió una y otra vez hasta que todo acabó y empezaron a gritar como Tarzán y Jane.
¡Jesús que cruz!

Bueno, Amparo, relájate y vamos a por el postre.


Ventajas de ir a una peluquería unisex:
Mirad lo que le pasó el otro día a mi vecinita, la Amparito, me lo ha contado la peluquera porque ella se lo contó, con pelos y señales ya que son muy amigas y se tienen mucha confianza.

La puerta de la calle se abrió de par en par, al poco, apareció la figura de Amparo cargada con las bolsas de la compra, cruzó el umbral con las llaves entre los dientes y su bolso, que había resbalado desde su hombro hasta la muñeca, tras ella como un perrito faldero.
Soltó todas las bolsas en la mesa de la cocina y corrió por el pasillo hasta el cuarto de baño, encendió las luces y apretando una pierna contra la otra, porque se orinaba, retuvo sus necesidades unos segundos más aun para mirarse en el espejo, de un lado, del otro, ahora retengo el pelo con una mano, ahora con la otra, bien, perfecto, todos los rizos dorados estaban en su sitio.
Mientras descargaba la vejiga con una larga y cálida meada pensó:
-¿Por qué será que cada vez que tengo una cita interesante, me da por rizarme el pelo? Cualquier vecino observador podría averiguar mis intenciones fácilmente. ¡Que importa! Lo único que se es que esta noche es especial, Ricardo está de miedo y aunque todas las chicas de la oficina le han tirado los tejos yo seré la agraciada.
Poco después la encontramos otra vez en la cocina, con todos los ingredientes a lo largo de la encimera, dispuesta a preparar cena para dos.
-Empezaré por las verduras y después prepararé la carne, así no podré equivocarme, es difícil saber lo que le gusta, con ese cuerpazo que tiene seguro que se cuida mucho, las verduras formarán parte de su dieta, pero ese culo que se le señala cuando se agacha para rellenar la fotocopiadora tiene, necesariamente, que nutrirse de proteínas.
Como me pican las ingles, este depilado a la japonesa es decididamente, para ir sin bragas. Tengo que sacarle partido, en la primera oportunidad que tenga le planto el coño delante de la cara y le suelto:
- Adivina, adivinanza ¿A quien te recuerda esto? Te daré una pista, es futbolista, brasileño y lució un flequillo como este en el último campeonato del mundo y lo ganó. Si lo aciertas es todo tuyo.
No puede fallar, le gusta el fútbol y además es del Madrid, seguro que me lo come todo, todo.
Con el cuchillo en la mano apoya un tomate en la tabla y empieza a cortarlo en rodajas, Lugo otro y otro, tres hermosos tomates. Con varias rodajas forma en una fuente la primera capa, un chorrito de aceite y un poco de sal.
-Hablando de sal, ¿Cómo tendrá la polla? ¿Estará operado de fimosis? espero que si, no me gustan con pellejo son demasiado saladas. Haré una cosa, si no tiene pellejo se la como y si tiene, pues también.
Ahora pela y corta en rodajas un calabacín, forma una segunda capa, aceite y sal. Una berenjena, más rodajas, la tercera capa, aceite y sal. Después vuelve a repetir los mismos pasos hasta formar otras tres capas, lo tapa y lo mete en el microondas para hornearlo durante treinta minutos.
Mientras tanto se dispone a preparar la carne.
-Dos buenos filetes a la plancha para que ese culito no pase hambre. ¿Cómo empezaremos? ¿Me cojera el culo directamente o la mano? Casi preferiría otra cosa, como por ejemplo un leve roce. Me levanto de la mesa con cualquier excusa para después acercarme por detrás, sorpresivamente, mientras mastica, con la boca llena no podrá decir nada y mientras le lleno la copa de vino haré que mis rizos le rocen la cara.
El siguiente paso se lo dejo a él y espero que siga con otros roces, como jugando, con las caderas estaría muy bien, es un gran paso. Para que nada falle intentaré conseguir que freguemos los platos juntos, si, primero recogemos la mesa y cortésmente, se ofrecerá a fregar, yo le seco los platos, si no se ofrece le pido que él los seque.
De cualquier forma estaremos cadera con cadera. A esas alturas de la noche y después de una botella de rioja y dos o tres roces previos, tendré las caderas tan calientes que él debería notarlo.
Me gustaría que, en un momento dado, delante del fregadero, él pasara por detrás de mí para dejar o coger algo y su paquete me roce el culo, ya me encargaré yo de ponerlo a su alcance disimuladamente. Por si le queda alguna duda de mis intenciones debería repetir el movimiento y esta vez el roce sería más evidente y su polla, alertada ya, debería estar dura en incómoda entre las apreturas de su pantalón. El roce se podría detener unos segundos más de lo debido, solo tengo que inclinarme un poco y él no tendría otro remedio que aumentar la presión. Joder, lo que pase después pondrá en peligro mi vajilla, espero que nos de tiempo a recogerla antes.
Seguro que me abraza por la cintura, si y me restriega de izquierda a derecha su paquete, yo intentaré fijarlo en el centro de mi culo inclinándome aún más. Mis tetas estarán esperando sus manos, es una cita ineludible antes de darme la vuelta, si es que me deja, porque a lo mejor me lo hace sobre la marcha, no me importaría en absoluto, el único impedimento entre su polla y mi coño será la fina tela de mi vestido, porque bragas, lo que se dice bragas llevare poca cosa, puede que un tanga, si no soporto los picores que me producen las gomillas en las ingles no me pongo nada.
Bueno, Amparo, relájate y vamos a por el postre.
Preparó en un plato nueces peladas, las roció con abundante azúcar glaseada y echándole un poco de agua las removió hasta que el azúcar desapareció. El horno a 180 grados, y una vez extendidas en una fuente a hornear unos cinco minutos. Mientras prepara un café.
En cada copa de postre pone dos bolas de helado de vainilla, vierte café hasta la mitad y finalmente unas pocas nueces tostaditas.
-Esto esta para chuparse los dedos, nos vamos a poner ciegos comiendo y si después de esto no volvemos a quedar para follar, por lo menos que venga para comer.

Nevera


Nevera creo que viene del ingles "never" por lo tanto never never, o sea nunca jamas cojais algo de mi nevera, es por vuestro bien ya que solo yo soy capaz de criar y digerir a los seres diminutos que crecenen ella.
Mi nevera es el paraiso de los seres minúsculos, microscópicos, nunca se les pide explicaciones, nunca les pregunto porque cambian de color mis alimentos, son libres de desarrollar sus actitudes artísticas ¿por que no?
En mi nevera las fechas de caducidad ¡Nunca, never, se tienen en cuenta¡¿Abajo la tiranía del tiempo¡ Lo hacen para que tiremos cosas ala basura y consumamos mas y mas, y creemos mas y mas basura, cabrones.

Mira que te lo tengo dicho


Nada, nada, ya podemos seguir con lo que estábamos, solo eran Juan y Juani los del ático que han venido a darle el pésame a Julia, mi vecina de al lado, que hace una semana que se ha quedado viuda la pobre, bueno pobre el difunto, don Ramón, que antes de morirse las pasó mal, pero que muy mal por culpa de su ahora desconsolada viuda.
Siempre estaban discutiendo, bueno ella era la que siempre discutía porque a él ni se le oia, y ella simpre dale que dale:
-Te tengo dicho que cuando vallamos de paseo y al cruzarnos con alguien yo te tiro de la manga, es porque no me quiero parar a saludar y si te tiro muy fuerte, rapidamente nos pasamos a la otra acera porque no quiero ni siquiera cruzarme con esa persona. Pues tú, ni caso, vamos que por culpa tuya le he tenido que dar los buenos dias a esa petarda de doña Clara que no la puedo ni ver.
-Ramón, te tengo dicho que el traje gris nuevo, solo te lo pones los domingos, y hoy no es domingo, me da igual que vayas a comer con tus ex compañeros del trabajo o con quien sea ¿Me has oido? Cambiate, y ponte la camisa azul que para eso te la he comprado.
Y más y más, todos los dias tenía "te tengo dicho" un a su disposición.
Pero ahora ya no tiene a quien teledirigir, o por lo menos eso era lo que yo pensaba, Hasta la otra mañana, cuando vi algo sobrenatural, increible.
Yo estaba dale que te dale a mi rellano, con mi puerta entornada y solo por ser buen vecino y solidario, alargo my limpieza hasta donde puedo. Lo mismo me llego hasta la pueta de al lado que sigo un poquito más y abrillanto al lado del hueco de la escalera.
Pues bien alli mismo me encontraba el otro día cuando se abrió el ascensor y la persona que salio de el no pudo verme ni yo a ella. La seguí, porque el suelo no necesitaba mas brillo y porque me volvía a mi casa, pero tuve que detenerme al oir su voz, la reconocí enseguida.
-Te tengo dicho que te quedes en este rincon del rellano, aqui estas al paso del aire y no te sienta bien.
Le hablaba al ficus, al que yo acababa de cambiar de sitio para poder pasar la mopa, ¡Dios mio, se ha vuelto loca!
Y como un loco, yo también, corri a consultar esta crisis con mi centro de información, el quiosco de Pepe.
-Pepe, Pepe, no te lo vas a creer, Doña Julia, la vuda de don Ramón, habla con un ficus y además le riñe.
-¿Que le riñe dices?
-Si, es como si hablase con su difunto.
-¿Con su difunto dices?
-Si, Pepe, con su difunto digo.
-¿Y le suelta algún "te tengo dicho" como solía?
-Si, si, eso le dijo ¿Que puede significar?
-Lo que me temía, don Ramón reposa para toda la eternidad en el tiesto de ese ficus. ¿No recuerdas que lo incineraron? Pues ahi terminaron sus cenizas, que Dios lo tenga en su gloria.
-Madre del amor hermoso, hasta después de muerto tiene que estar aguantando el pobrecito.

Pepe y el Titanic


No os la vais a creer, pero a Pepe,el director de mi centro de información le ha pasado. Hasta hace bien poco no me lo ha contado:

Me he quedé viudo en mi noche de bodas, y todo por culpa de la dichosa película.
Verás lo que pasó:
Todo fue maravilloso, la boda, el banquete, toda nuestra familia y los mejores amigos reunidos para celebrar con nosotros el día más feliz de nuestra vida, aunque yo personalmente esperaba con ansiedad la mejor parte de ese día, la noche.
Y digo esto porque los dos éramos vírgenes, mi novia también, pero yo, que lo puedo contar, lo había pasado muy mal.
Queríamos que todo saliera a la perfección, así que para esa noche lo preparamos tan a conciencia como lo demás.
Esa misma noche partía un crucero por el Mediterráneo la "mar" de romántico y nosotros teníamos reservado el camarote más lujoso.
Pero como también debíamos estar atentos a esos pequeños detalles que, a veces, pasan desapercibidos pero que son tan importantes como los grandes, yo tenía preparado un bote de lubricante, porque lo más importante para que una virgen deje de serlo es una perfecta lubricación, sea o no natural.
Y tal como lo planeamos así sucedió, todo funcionó como una máquina bien engrasada, no entraré en detalles pero fue maravilloso, nos dejamos llevar por la pasión y la lujuria de tal manera que una vez consumado lo que habíamos venido a consumar, nos dejamos llevar por la locura que nos embargaba y como locos corrimos medio desnudos hacia la proa del barco para imitar a la pareja protagonista de Titanic.
Y una vez encaramados en lo más alto me pidió que la sujetara fuertemente con mis manos porque quería sentir en su rostro de mujer mujer el azote salado de la brisa marina. Pero, oh desdicha, oh puerca miseria, coño que se me resbaló por el maldito lubricante y se la tragó el negro océano de las narices.

La guerra del rellano


Ya sabía yo que esto de la Tamara no podía terminar bien, el caso es que ahora parecía que se estaba tranquilizando un poco y sus exhibiciones deportivo-sexuales venían siendo más comedidas, todo hay que decirlo.
Pero han llegado al rellano unos vecinos nuevos y estos también se hacen notar, aunque por diferentes motivos. Son enanos, bueno no enanos como estos que suelen trabajar en espectáculos circenses o taurinos no, son simplemente pequeñitos, más o menos metro y medio, los dos iguales, en eso están bien avenidos y visualmente hacen muy buena pareja, pero creo que solo en estos temas se ponen de acuerdo porque con lo chiquititos que son, se pegan unas voces, tienen unas peleas horrorosas. Con la de noticias que a diario nos cuentan los informativos sobre asesinatos conyugales y dada la frecuencia e intensidad con que se aplican mis vecinos me tienen con el alma en vilo, como suelen pelear de día, entre la Tamara y los enanos ya no duermo ni de día ni de noche. Imaginaos que cualquier día de estos se consuma el crimen atroz que me vengo temiendo, que por ser protagonizado por enanos no va a ser menos, no discriminemos. Pues imaginaos que me pilla durmiendo, a ver como me lavanto yo cada día y me miro a la cara en el espejo, no podría.
El caso es que siendo, como es, conocido por todos lo escandaloso de su comportamiento, el enano se molestó la otra noche por los gritos orgásmicos de Tamara. Así que se enfundó su batín para ir a presentarle las quejas y su señora se quedo expectante en el quicio de su puerta, yo casualmente estaba comprobando el buen funcionamiento de mi mirilla telescópica de última generación y pude verlo todo con claridad.
La Tamara salió al rellano medio desnuda y el enano le dijo a la altura de sus pechos:
-¿No le parece que se están pasando con tanto grito a estas horas?
-Gritó lo que tengo que gritar, que por lo menos lo hago de gusto y no como vosotros que gritáis por pura mala leche.
El enano se quedó callado y sin saber que decir, pero a su mujer no debió de gustarle mucho lo que había oído y abandonó su puerta para acercarse a la de enfrente, en esto que el amante de turno de la Tamara también se presentó en escena y una vez reunidos los cuatro la enana dijo:
-Puta, que eso es lo que eres un putón.
Y el amante le respondió:
-¿Pero de donde coño a salido la enana esta, tu que vives en un circo o que?
La enana dio un respingo felino y propinó un certero puñetazo en el ojo izquierdo del amante. La Tamara empujó a la enana dejándola patas arriba en medio del rellano, el enano hizo el intento de golpear a la Tamara pero el amante, que ya estaba prevenido de la rapidez de sus contrincantes, se interpuso y los dos terminaron en el suelo revolcándose. La enana se sumó al montón y la Tamara, que nunca ha renunciado a un buen revolcón, fue detrás o encima mejor dicho y llegados a ese instante no tuve más remedio que intervenir para poner paz, así que salí al rellano e intenté deshacer la montonera.
A la Tamara la despegué la primera, fue fácil, pero los enanos, aunque mucho más ligeros, eran más persistentes y peleones, primero retiré a la enana y una vez retirado el enano, la enana ocupaba su lugar encima de el amante, retiraba a la enana y la empujaba hacia su puerta y antes de que el amante tuviese tiempo de incorporarse el enano volvía a tirarse encima y así estuve varios minutos quitando enanos de encima de el pobre amante, que ni por un instante esperaba verse metido en medio de semejante orgía.
Por fin conseguí que cada uno se fuera a su casa no sin antes amenazarse con denuncias, partes de lesiones, cuñados abogados o policías ete, etc.
Todo quedó en calma y esa noche la mañana siguiente pude dormir en paz.

El ficus del rellano II


Nada, nada, ya podemos seguir con lo que estábamos, solo eran Juan y Juani los del ático que han venido a darle el pésame a Julia, mi vecina de al lado, que hace una semana que se ha quedado viuda la pobre, bueno pobre el difunto, don Ramón, que antes de morirse las pasó mal, pero que muy mal por culpa de su ahora desconsolada viuda.
Siempre estaban discutiendo, bueno ella era la que siempre discutía porque a él ni se le oia, y ella simpre dale que dale:
-Te tengo dicho que cuando vallamos de paseo y al cruzarnos con alguien yo te tiro de la manga, es porque no me quiero parar a saludar y si te tiro muy fuerte, rapidamente nos pasamos a la otra acera porque no quiero ni siquiera cruzarme con esa persona. Pues tú, ni caso, vamos que por culpa tuya le he tenido que dar los buenos dias a esa petarda de doña Clara que no la puedo ni ver.
-Ramón, te tengo dicho que el traje gris nuevo, solo te lo pones los domingos, y hoy no es domingo, me da igual que vayas a comer con tus ex compañeros del trabajo o con quien sea ¿Me has oido? Cambiate, y ponte la camisa azul que para eso te la he comprado.
Y más y más, todos los dias tenía un "te tengo dicho" a su disposición.
Pero ahora ya no tiene a quien teledirigir, o por lo menos eso era lo que yo pensaba, Hasta la otra mañana, cuando vi algo sobrenatural, increible.
Yo estaba dale que te dale a mi rellano, con mi puerta entornada y solo por ser buen vecino y solidario, alargo my limpieza hasta donde puedo. Lo mismo me llego hasta la pueta de al lado que sigo un poquito más y abrillanto al lado del hueco de la escalera.
Pues bien alli mismo me encontraba el otro día cuando se abrió el ascensor y la persona que salio de el no pudo verme ni yo a ella. La seguí, porque el suelo no necesitaba mas brillo y porque me volvía a mi casa, pero tuve que detenerme al oir su voz, la reconocí enseguida.
-Te tengo dicho que te quedes en este rincon del rellano, aqui estas al paso del aire y no te sienta bien.
Le hablaba al ficus, al que yo acababa de cambiar de sitio para poder pasar la mopa, ¡Dios mio, se ha vuelto loca!
Y como un loco, yo también, corri a consultar esta crisis con mi centro de información, el quiosco de Pepe.
-Pepe, Pepe, no te lo vas a creer, Doña Julia, la vuda de don Ramón, habla con un ficus y además le riñe.
-¿Que le riñe dices?
-Si, es como si hablase con su difunto.
-¿Con su difunto dices?
-Si, Pepe, con su difunto digo.
-¿Y le suelta algún "te tengo dicho" como solía?
-Si, si, eso le dijo ¿Que puede significar?
-Lo que me temía, don Ramón reposa para toda la eternidad en el tiesto de ese ficus. ¿No recuerdas que lo incineraron? Pues ahi terminaron sus cenizas, que Dios lo tenga en su gloria.
-Madre del amor hermoso, hasta después de muerto tiene que estar aguantando el pobrecito.